A uno no lo llaman Naniel Manco por gusto. Ser un “manco” es una cualidad que hay que trabajar cada semana, cada día y cada hora sin parar, demostrando a los demás que meter la pata es una cualidad como cualquier otra. Durante mucho tiempo pensé que mi manquez se debía exclusivamente a la existencia de esa cosa llamada gravedad. Derramar un vaso durante un discurso muy efusivo o estampar contra el suelo un portátil muy caro son varios ejemplos de mi día a día como ser humano con ciertas carencias psicomotrices que me caracterizan. Así como a otros les caracteriza el hecho de ser pelirrojos.

Pero definitivamente, no. Todo el psicoanálisis que me he aplicado a mí mismo durante los últimos años no tiene ya validez científica. Mi inutilidad no tiene nada que ver con el descubrimiento de Newton. Toca volver a empezar a investigar. Y os estaréis preguntando “¿Pero por qué me estás contando esto?” “¿Qué tiene que ver con el título de la entrada?”

Pues bien, toca despejar las dudas. A final de verano, estaba yo con mi terminal Linux ahí arreglando errores en mi servidor y me creía yo que era el mismísimo Kevin Mitnick. Que si restaurar una liada de lightdm que me había cargado, que si apt-get purge, que si autoremove… total, que cuando ya había terminado de hacer la reparación del siglo, me dio por reiniciar (todo funcionaba ya, ojo), y nada, que el amigo servidor no arrancaba. Miento. No es que no arrancara, es que el ordenador decía que por no haber, no había ni kernel.

Después de echarle horas, tirando de foros y webs varias, resolviendo cada nuevo error que iba surgiendo, finalmente me di por vencido después de unos días. Mi hazaña me había posicionado en un nuevo nivel de manquez nunca vista hasta ahora. Desde ese momento, me daba como una pequeña microdepresión el simple hecho de pensar que para volver a tener blog, tenía que volver a ponerme delante de tanto número y tanto error junto.

Lo fui dejando hasta que hace unas semanas intenté reparar la base de datos a partir de los pequeños archivos que se almacenan en la carpeta de mysql de la instalación anterior, pero después de echarle también muchas horas, dejé de tener claro si era posible restaurar la base de datos o no. Al fin y al cabo, no he cohío una InnoDB en mi vía, Hulio.

Así que nada, al final he restaurado una copia de seguridad que tenía por ahí. De enero, casi nada. Todo un viaje en el tiempo.

Como moraleja, que siempre hay que darle un toque didáctico a todo, os diré lo de siempre, que hagáis backups. Aunque sea un completo tormento eso de entrar al phpmhyadmin. Mucho peor es el jetlag que dejan los viajes en el tiempo.

 

Saludos.

 

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